miércoles, 21 de julio de 2010

Algunos recuerdos se vuelven poemas

Creo que tenía 4 de edad, una hermana, juguetes por aquí y por allá. Nada era oscuro en mi vida hasta que esa noche de huracán me extravié solitario, sin guía y sin ninguna mano que me ayudara en el camino. Me encontraron una hora después. Ese pedazo de vida se volvió indeleble casi para siempre. Ver a mi mama de nuevo es haber pasado de blanco y negro a un mundo de colores. Algunos recuerdos se vuelven poemas.

Precisamente lo recordé hoy

Afuera llueven nubes que se han rendido.
Mi voz se vuelve aguda cuando hablo en silencio.
Entonces salgo al traspatio atravesando la penumbra
que ilumina el negro oscuro del recuerdo que me angustió.
Hay brevedades que se alojan en edades casi eternas
y marchan con la espesura de alguien que no se irá.
Es el recuerdo de aquellas horas en la noche
que se escurrieron a cuentagotas en la oscuridad
cuando me extravié de la casa de cuentos azules,
de lo tibio rosado de la piel del hogar.
La noche me amordazó el corazón.
Me exprimió la ultima gota de aire.
Aun recuerdo los rostros de las calles
y sus esquinas de terror.
Ahora cada vez que miro el rostro de mamá
me convierto en aquel niño de 4 de edad
que se extravió en la oquedad de aquella noche de huracán.

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